Un Cuento Orgánico
En Chía, un pueblo a las afueras de la ciudad, Amalia elaboraba en su casa
'tortas naturales', las cuales vendía en diferentes cafeterías, fruterías
y tiendas naturistas.
En la ciudad de Bogotá, Julio trabajaba como ejecutivo de una multinacional.
El alma inquieta de este ejecutivo hizo que se alejara durante un año a Londres,
donde tuvo la oportunidad de conocer diferentes tipos de hábitos alimenticios,
entre estos el mercado de los 'productos orgánicos'.
Ya en la ciudad de Bogotá, por un encuentro 'casual', Amalia y Julio, tuvieron
la oportunidad de conocerse y hablar a cerca de sus 'sueños', coincidieron en el
deseo de montar un restaurante en donde los clientes además de alimentarse
balanceada y sanamente, pudieran mezclarse con la cultura ofrecida en un plato con
sabor a arte, observada en la decoración o escuchada en la música
del lugar.
Pensaron en desarrollar primero 'bien' el negocio de las tortas para luego sí dedicarse
al restaurante.
Con el propósito de llevar esto a cabo pasaron de Chía a producir
en un sitio más apropiado en la ciudad de Bogotá, llevaron a trabajar
a una de las empleadas que conocía ya el proceso de las tortas y contrataron
a otra más, con ellas dos sería suficiente.
El negocio de las tortas no solo creció sino que cambió, quisieron
desarrollar productos innovadores que además de ser sanos aseguraran una
mayor vida útil, por este motivo desarrollaron una línea de galletas que
reemplazó las tortas, y también comenzaron a investigar y a trabajar
en el tema de los alimentos orgánicos.
Fue así como tuvieron conocimiento que en Colombia ya existían cultivadores
orgánicos, algunos certificados y otros en proceso. También contactaron
a las certificadoras orgánicas, y después de un tiempo y de cumplir
con todos los requisitos exigidos consiguieron certificar la planta como 'planta
ecológica' con la Corporación Colombia Internacional.
En un comienzo comercializaron los productos en ferias, kermeses y eventos. Actualmente
contando con el apoyo del Ministerio del Medio Ambiente, se comercializan en importantes
cadenas de supermercados a nivel nacional, como también en tiendas especializadas.
En el año 2004, obtuvieron el premio a la segunda mejor microempresa
del año, otorgado por la Fundación Compartir, también
obtuvieron el
Sello Nacional de Alimento Ecológico, otorgado
por el Ministerio de Agricultura y Desarrollo Rural.
En octubre de 2006 ocuparon el primer puesto en Innovación, otorgado por
Carrefour y Fedesarrollo como
Premio Nacional a la Preservación Ambiental.
Varias empresas comercializadoras han estado interesadas en llevar los productos
a Europa y a diferentes países del mundo, pues si bien es cierto que lo orgánico
es algo de lo que se habla ahora más que antes, Colombia cuenta con frutos
exóticos que hacen de lo orgánico en el exterior un producto realmente
interesante.
Otras empresas también comprometidas con el tema ecológico, confían
la elaboración de sus productos orgánicos certificados a
Ltda., en donde se ofrece el servicio de maquila.
El objetivo es llegar a exportar y para esto trabajan actualmente en la certificación
de BPM (Buenas Practicas de Manufactura) para certificarse mas adelante en HACCP
(Sistema de control de calidad para la industria alimenticia).
Y aunque el sueño del restaurante aún sigue en pie, por ahora este es el
cuento de
Ltda., que cuenta
en la actualidad con la colaboración de nueve empleados, igualmente comprometidos
con el tema, y que al igual que sus fundadores desean brindar a sus consumidores
productos saludables, ricos, de buena presentación y excelente calidad.
Ltda.